sábado, 8 de agosto de 2009

ENTREVISTA A MONSEÑOR RANJITH

Gracias a la traducción de La Buhardilla de Jerónimo les ofrecemos una entrevista realizada a Monseñor Ranjith, quien recientemente a tomado posesión de la Arquidiócesis de Colombo(Sri Lanka).

Excelencia, el nombramiento como arzobispo de Colombo ocurre en un momento delicado de la historia del país…
En efecto, ha concluido recientemente el conflicto que por cerca de treinta años ha atormentado al país. A causa de la intransigencia mostrada por los rebeldes y de la dificultad de encontrar una solución aceptable para todos, el gobierno ha tomado la decisión de hacerla terminar de una vez por todas liberando los territorios ocupados por los mismos rebeldes tamiles de su control. El país estaba harto de esta situación y no podía permitir un tipo de “gobierno” paralelo ilegítimo en una parte de su territorio. Pero, al mismo tiempo, todos entienden que esto no significa necesariamente una paz verdadera y duradera. Una cosa es ganar una guerra, otra obtener la victoria de los corazones. Es aquí donde será necesario un proceso para reconstruir la armonía entre las dos etnias, los cingaleses y los tamiles.

Usted conoce desde hace tiempo al presidente de Sri Lanka, con el que tiene una relación de estima recíproca…
Esto es cierto, y creo que él tiene necesidad del apoyo y de la guía espiritual de los representantes de las diversas religiones para realizar este cambio cultural de modo que las diversas etnias y religiones puedan convivir pacíficamente en una nueva sociedad. Hay varios grupos de integristas que no quieren ver en el país una sociedad pluricultural. Son bastante poderosos y también están bien organizados.

¿Qué rol podrá tener la Iglesia Católica de Sri Lanka en el proceso de pacificación que usted desea?
La Iglesia ya tiene un rol importante porque está presente tanto en la mayoría cingalesa de la población – que es predominantemente de religión budista – como en la minoría tamil – que es más bien de religión hinduista. Con esto no quiero decir que entre cingaleses y tamiles hay un conflicto de naturaleza religiosa, pero es indudable que el elemento religioso juega un papel importante. Esta división constituye un nuevo desafío para las mismas religiones: el desafío de deber superar las barreras étnicas. La Iglesia lo ha logrado mejor y por eso podrá ser de ayuda, tal vez como un puente inter-étnico.

¿Este rol de mediación de la Iglesia Católica es apreciado por las autoridades civiles? ¿Y por las religiosas?
Normalmente, también los jefes religiosos hindúes y budistas parecen apreciar nuestro trabajo de pacificación y de mediación. No escondo, sin embargo, el hecho de que existen algunos sectores de los intelectuales budistas que nos miran con sospecha. Son los mismos sectores que desde hace tiempo promueven la promulgación de una ley contra las conversiones. Ellos verían como humo en los ojos un aumento de prestigio de la Iglesia Católica vinculado con nuestro rol de mediación entre las dos etnias.

Excelencia, después de tres años y medio, deja el cargo de Secretario de la Congregación para el Culto Divino…
Sigo estando profundamente agradecido al Papa por haberme llamado a Roma para colaborar con él en un campo decisivo como el de la liturgia. En estos años, he tenido la alegría de poder vivir de cerca la acción del Papa y su insistencia sobre la renovación de la Iglesia, íntimamente vinculada con la renovación de la vida litúrgica.

¿Cómo se ha encontrado en su trabajo en la Congregación?
Tuve la oportunidad de trabajar con dos purpurados – Francis Arinze primero, y Antonio Cañizares Llovera por algunos meses – verdaderamente a la altura de la situación. He buscado, en estos pocos años, asegurar que haya más debate y reflexión sobre aquellos aspectos de la liturgia que desafortunadamente han sido puestos al margen pero que, de hecho, pertenecen a lo esencial, como indican también diversos escritos del Papa sobre la materia. Respecto al futuro, estoy seguro de que con el cardenal Cañizares la liturgia de la Iglesia está verdaderamente en buenas manos.

¿Y en la Curia Romana?
Como es sabido, en total he pasado ocho años en el servicio de la Santa Sede. Esta experiencia me ha enriquecido mucho, ampliando los horizontes y haciéndome gustar el misterio de aquel vínculo íntimo entre la Iglesia y el Señor y Su acción santificadora por medio de ella, a menudo en el silencio, con paciencia y a pesar de las dificultades, obstáculos y diversidad de puntos de vista humanos que envuelven incluso a sus discípulos.

¿No se ha arrepentido de algunas declaraciones lanzadas en el pasado y que parecieron demasiado críticas con respecto a la situación actual de la vida litúrgica de la Iglesia y demasiado positivas con respecto al mundo tradicionalista, ligado a los así llamados ritos preconciliares?
Tal vez a veces he usado tonos un poco fuertes, pero sinceramente no me arrepiento de lo que dije. La historia y el Señor me juzgarán.

Después de la experiencia romana, ¿con qué espíritu vuelve a su país?
Con gran esperanza, porque creo que la Iglesia Católica tiene una gran misión para el futuro del mundo y particularmente de Asia. Y en esta misión confiada a nosotros como Iglesia, el rol del Papa es fundamental. Él es Pedro y para nosotros, los católicos, es el Vicario de Cristo. Él representa para nosotros el rol guía del mismo Cristo en la historia, su solicitud por la salvación del mundo. Es precisamente por eso que los fieles, especialmente los más sencillos, quieren tanto al Papa. Es con esta humilde certeza que vuelvo con gozo a mi país, donde los católicos aman y rezan siempre por el Papa. Esperando poderlo recibir si – como se oye decir – realmente decide hacer un viaje pastoral a Asia.

No hay comentarios: