jueves, 29 de octubre de 2009

"LA SANTA MISA TRADICIONAL CONTIENE UNA BELLEZA TAL QUE LA ADMIRACIÓN VA EN AUMENTO CADA VEZ MÁS"

A continuación les ofrecemos un artículo que el R.P. Pedro Pablo, fundador de la Asociación Privada de Fieles Schola Veritatis en la diócesis de Tarazona, escribió hace unos meses, al que da por título "La Misa en su forma extraordinaria".

La Misa en su forma extraordinaria
El Santo Padre Benedicto XVI liberó el uso de la Misa Romana tal como se ha celebrado desde el siglo IV. De esta manera todo sacerdote puede, sin necesidad de autorización alguna, celebrar la Misa en esta forma llamada "extraordinaria".

Para quien no ha conocido el Misal de 1962, con el cual se celebra esta Misa, el primer encuentro con los textos y los ritos es impresionante. Contiene una belleza tal que la admiración va en aumento cada vez más.

Vayan algunos ejemplos: el sacerdote antes de leer el Evangelio reza en secreto: "Purifica mi corazón y mis labios, Dios omnipotente, que purificaste los labios del Profeta Isaías con un carbón encendido; dígnate con tu grata misericordia purificarme de manera que pueda anunciar dignamente tu Santo Evangelio. Por Jesucristo, Nuestro Señor, Amén. Dame, Señor tu bendición. El Señor esté en mi corazón y en mis labios, para que anuncie digna y debidamente tu Evangelio." Luego puede proclamar la Buena Nueva del Evangelio.

En el Ofertorio, al ofrecer la hostia dice: "Recibe, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, Dios mío, vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias; y por todos los circunstantes; y también por todos los fieles cristianos, vivos y difuntos; a fin de que a mí y a ellos aproveche para la salvación y vida eterna. Amén." Y al ofrecer el cáliz: "Oh, Dios, + que maravillosamente creaste en dignidad la naturaleza humana y con mayores maravillas la reformaste: concédenos, por el misterio de esta agua y vino, que participemos de la divinidad de Aquel que se dignó participar de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo y señor nuestro: el cual vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén. Te ofrecemos, Señor, el cáliz de salvación, implorando tu clemencia, para que con suave fragancia suba ante el acatamiento de tu divina Majestad por nuestra salvación y la del mundo entero. Amén".

Habría mucho más que decir, pero termino con la oración que el sacerdote recita inclinado antes de dar la bendición final: "Que te sea agradable, oh Santa Trinidad, el homenaje de tu siervo, y que este sacrificio que yo, indigno, he ofrecido a los ojos de tu Majestad, te sea aceptable, y a mí y a todos aquellos por quienes lo he ofrecido, sea, por tu piedad, propiciatorio. Por Cristo, nuestro Señor. Amén".

Que estos textos transidos de misterio, de humildad, de adoración y de penetración del mundo divino conocido por la fe , nos ayuden a valorar la Santa Misa en sus formas ordinarias y extraordinarias. La Misa es una sola, pero ambas celebraciones ayudan a penetrar más profundamente en el mismo misterio con modos diferentes. Demos gracias a Dios por la riqueza de nuestra fe actualizada en la Sagrada Liturgia. Ella nos permite pregustar ya del cielo anticipadamente.

Escribo esto luego de celebrar hoy la Santa Misa en su forma extraordinaria, para gloria y honra de Jesucristo, por los siglos de los siglos. Amén.

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