jueves, 1 de octubre de 2009

VESTIDURAS SAGRADAS. EL AMITO

El amito, significa el lienzo con que fue cubierto el rostro de Nuestro Señor Jesucristo.
El diácono y el subdiácono –que son los servidores inmediatos del sacerdote-, el mismo sacerdote y hasta el Obispo, que es el clérigo que posee la plenitud del sacerdocio, cuando van a revestirse de sus ornamentos propios se ponen el amito, que es un trozo de tela blanca rectangular y lo suficientemente ancha para que cubra el cuello y los hombros.
Lleva en su centro pintada o bordada una cruz, que siempre debe besar el que lo usa antes de ponérselo y al quitárselo; en las puntas delanteras lleva cosidas dos cintas o cordones lo bastante largos para que puedan cruzarse primero sobre el pecho y luego en la espalda, para volver finalmente adelante y unirse con un lazo.
Espiritualmente, y por la misma oración que reza el que se lo pone, el amito, viene a ser como el yelmo salvador contra los ataques del demonio.
La oración es: Pon, Señor, sobre mi cabeza el yelmo de salvación para rechazar los asaltos del enemigo.
Nos recuerda que hemos de defendernos de los enemigos de nuestras almas.

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