jueves, 26 de febrero de 2009

ENTREVISTA A MONSEÑOR GUIDO MARINI, MAESTRO DE LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS PONTIFICIAS


Por el interés que consideramos tiene, publicamos ésta entrevista que Monseñor Guido Marini, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, ha concedido a la revista Radici Cristiane y que ha sido traducida por "La Buhardilla de Jerónimo".

Parece que, para el Santo Padre, la Liturgia es uno de los temas de fondo de su pontificado. Usted, que lo sigue de cerca, ¿nos puede confirmar esta impresión?
Diría que sí. Por otra parte, cabe señalar que el primer volumen de la Opera omnia del Santo Padre, de próxima publicación también en Italia, es precisamente el dedicado a los escritos que tienen como objeto la Liturgia. En el prefacio al volumen, el mismo Joseph Ratzinger subraya este hecho, señalando que la precedencia dada a los escritos litúrgicos no es casual sino deseada: siguiendo al Concilio Vaticano II, que promulgó como primer documento la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, seguida de otra gran Constitución sobre la Iglesia. Es en la Liturgia, de hecho, donde se manifiesta el misterio de la Iglesia. Se comprende, entonces, el motivo por el que la Liturgia es uno de los temas principales del pontificado de Benedicto XVI: desde la Liturgia se pone en marcha la renovación y la reforma de la Iglesia.

¿Existe una relación entre la Liturgia y el arte y la arquitectura sagrada? El llamado del Papa a una continuidad de la Iglesia en el campo litúrgico, ¿no debería extenderse también al arte y la arquitectura sagrada?
Existe, ciertamente, una relación vital entre la Liturgia, el arte y la arquitectura sagrada. También porque el arte y la arquitectura sagrada, precisamente en cuanto tales, deben resultar idóneos para la Liturgia y sus grandes contenidos que encuentran expresión en la celebración. El arte sagrado, en sus múltiples manifestaciones, vive en relación con la infinita belleza de Dios y debe orientar a Dios su alabanza y su gloria. Entre Liturgia, arte y arquitectura no puede haber, entonces, contradicción o dialéctica. Por lo tanto, si es necesario que exista una continuidad teológica-histórica en la Liturgia, esta misma continuidad debe encontrar una expresión visible y coherente también en el arte y en la arquitectura sagrada.

El Papa Benedicto XVI ha afirmado recientemente en un mensaje que “la sociedad habla con el hábito que usa”. ¿Piensa que se podría aplicar esto también a la Liturgia?
En efecto, todos hablamos también a través del hábito que usamos. El hábito es un lenguaje, así como lo es toda forma expresiva sensible. También la liturgia habla con el hábito que usa, es decir, con todas sus formas expresivas, que son múltiples y riquísimas, antiguas y siempre nuevas. En este sentido, “el hábito litúrgico”, para continuar con el término que usted ha usado, debe ser siempre verdadero, en plena sintonía con la verdad del misterio celebrado. El signo externo debe estar en relación coherente con el misterio de la salvación realizado en el rito. Y, no debe ser nunca olvidado, el hábito propio de la liturgia es un hábito de santidad: allí encuentra expresión, de hecho, la Santidad de Dios. A esa Santidad estamos llamados a dirigirnos, de esa Santidad estamos llamados a revestirnos, realizando así la plenitud de la participación.

En una entrevista a L’Osservatore Romano, usted ha señalado los principales cambios realizados desde que ha asumido el cargo de Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias. ¿Podía recordarlos y explicar su significado?
Afirmando, en primer lugar, que los cambios a los que usted se refiere deben ser leídos en el signo de un desarrollo en la continuidad con el pasado, incluso el más reciente, recuerdo uno en particular: la ubicación de la cruz en el centro del altar. Esta ubicación tiene la capacidad de traducir, también en el signo externo, la orientación correcta de la celebración en el momento de la Liturgia Eucarística, cuando celebrante y asamblea no se miran recíprocamente sino que miran juntos hacia el Señor. Por otra parte, la relación altar-cruz permite resaltar mejor, junto al aspecto de banquete, la dimensión sacrificial de la Misa, cuya relevancia es siempre esencial y, por lo tanto, es necesario que encuentre siempre una expresión bien visible en el rito.

Hemos notado que el Santo Padre, desde hace algún tiempo, da siempre la Sagrada Comunión en la boca y de rodillas. ¿Quiere ser esto un ejemplo para toda la Iglesia y un estímulo para que los fieles reciban a Nuestro Señor con mayor devoción?

Como se sabe, la distribución de la Santa Comunión en la mano sigue siendo hasta ahora, desde el punto de vista jurídico, un indulto a la ley universal concedido por la Santa Sede a aquellas Conferencias Episcopales que lo han solicitado. Y cada fiel, incluso en presencia del eventual indulto, tiene el derecho de elegir el modo para acercarse a la Comunión. Benedicto XVI, comenzando a distribuir la Comunión en la boca y de rodillas con ocasión de la solemnidad del Corpus Domini del año pasado, en plena consonancia con lo que está previsto en la normativa litúrgica actual, ha querido posiblemente señalar una preferencia por esta modalidad. Por otro lado, se puede también intuir el motivo de esta preferencia: se ilumina mejor la verdad de la presencia real en la Eucaristía, se ayuda a la devoción de los fieles, se introduce con más facilidad en el sentido del misterio.

El Motu Proprio Summorum Pontificum se presenta como uno de los actos más importantes del pontificado de Benedicto XVI. ¿Cuál es su opinión?
No sé decir si es uno de los más importantes pero sin duda es un acto importante. Y lo es no sólo porque se trata de un paso muy significativo en vistas a una reconciliación en el interior de la Iglesia, no sólo porque expresa el deseo de que se llegue a un recíproco enriquecimiento entre las dos formas del rito romano (ordinaria y extraordinaria), sino también porque es la indicación precisa, en el plano normativo y litúrgico, de aquella continuidad teológica que el Santo Padre había presentado como la única hermenéutica correcta para la lectura y la comprensión de la vida de la Iglesia y, en especial, del Concilio Vaticano II.

¿Cuál es, en su opinión, la importancia del silencio en la Liturgia y en la vida de la Iglesia?
Es una importancia fundamental. El silencio es necesario en la vida del hombre porque el hombre vive de palabras y de silencios. El silencio es aún más necesario en la vida del creyente que allí encuentra un momento insustituible de la propia experiencia del misterio de Dios. No se sustrae a esta necesidad la vida de la Iglesia y, en la Iglesia, la Liturgia. Aquí el silencio quiere decir escucha y atención al Señor, a su presencia y a su Palabra; y, junto a ello, implica la actitud de adoración. La adoración, dimensión necesaria del acto litúrgico, expresa la incapacidad humana de pronunciar palabras, permaneciendo “sin palabras” ante la grandeza del misterio de Dios y la belleza de su amor.
La celebración litúrgica está hecha de palabras, de cantos, de música, de gestos… Está hecha también del silencio y de silencios. Si estos faltaran o no fueran suficientemente subrayados, la Liturgia no sería plenamente ella misma porque estaría privada de una dimensión insustituible de su naturaleza.*

Hoy en día se escuchan, durante las celebraciones litúrgicas, las músicas más diversas. ¿Qué música, según usted, es más adecuada para acompañar la Liturgia?
Como nos recuerda el Santo Padre Benedicto XVI, y con él toda la tradición pasada y reciente de la Iglesia, hay un canto propio de la liturgia y es el canto gregoriano que, como tal, constituye un criterio permanente para la música litúrgica. Como también constituye un criterio permanente la gran polifonía de la época de la renovación católica, que encuentra su expresión más alta en Palestrina.
Junto a estas formas insustituibles del canto litúrgico, encontramos las múltiples manifestaciones del canto popular, importantísimas y necesarias: siempre que se adhieran a aquel criterio permanente por el cual el canto y la música tienen derecho de ciudadanía en la Liturgia en la medida en que brotan de la oración y conducen a la oración, permitiendo así una participación auténtica en el misterio celebrado.

miércoles, 25 de febrero de 2009

MISA TRADICIONAL EN ALCALÁ DEL RÍO(SEVILLA)




Nuestros amigos de "Una Voce Sevilla" nos informan que el pasado sábado 21 de febrero "La Antigua, Real, Ilustre y fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y María Santísima de las Angustias Coronada", de Alcalá del Río (Sevilla), celebró dentro de la Novena a su amantísima titular, la Misa en la forma extraordinaria del Rito Romano. De este modo, la hermandad de la Vera Cruz de Alcalá del Río se convierte en la segunda de las corporaciones penitenciales sevillanas en poner en práctica la voluntad del Santo Padre Benedicto XVI expresada en su Carta Apostólica en forma de motu proprio 'Summorum Pontificum'.
Desde "Benedicámus Dómino" felicitamos tanto a "La Antigua, Real, Ilustre y fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y María Santísima de las Angustias Coronada" como a "Una Voce Sevilla" por su trabajo y buen hacer.

martes, 24 de febrero de 2009

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2009


¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía “retorcidísima y enredadísima complicación de nudos” (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.

Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 11 de diciembre de 2008



BENEDICTUS PP. XVI

viernes, 20 de febrero de 2009

SE RECUPERAN LOS RECLINATORIOS PARA RECIBIR LA SAGRADA COMUNIÓN

Nos complace poder informar a todos nuestros lectores y amigos que desde hace unas semanas, una capilla pública que el Opus Dei tiene en Pamplona abierta a todos los fieles que lo deseen, y en la que a diario se celebra a diferentes horas del día la Santa Misa, se han recuperado los reclinatorios para recibir a Nuestro Señor Jesucristo en la Comunión como Él merece, de rodillas. Un gesto de obediencia y fidelidad al Papa.

miércoles, 11 de febrero de 2009

NACE "UNA VOCE CÁDIZ"


Ésta semana ha nacido en España, concretamente en Cádiz, una nueva Asociación para la promoción y difusión de la Santa Misa Tradicional.
Nos alegramos de ésta nueva noticia y felicitamos a todos los que de un modo u otro han hecho posible el nacimiento de "Una Voce Cádiz".

domingo, 8 de febrero de 2009

LOS OBISPOS POLACOS CON EL SANTO PADRE



Los Obispos de Polonia han elogiado al Santo Padre por haber levantado las excomuniones a los cuatro obispos de la Fraternidad de San Pío X, calificando su decisión como un acto de gran valentía. Es de destacar la actitud de este episcopado que marca una diferencia con la de tantos otros obispos que, en lugar de manifestar su agradecimiento al Papa por sus esfuerzos por la unidad de la Iglesia, han expresado su preocupación sobre la conveniencia de dichas medidas, o lo que es peor, han hablado directamente de una supuesta inoportunidad de las mismas. Ofrecemos una traducción realizada por "La Buhardilla de Jerónimo" de gran parte de este comunicado.

Varsovia, 6 de febrero de 2009

Amado Santo Padre:
En nombre de los obispos de la Conferencia Episcopal Polaca, deseo expresar a Su Santidad nuestra gratitud por los recientes gestos y actos que han mostrado la preocupación del Sucesor de San Pedro por la unidad de la Iglesia de Cristo.

Abrir la puerta al diálogo con el fin de sanar una dolorosa división es un acto de gran valentía y auténtica caridad pastoral, […].

Confiamos en que este gesto paternal será recibido con la misma voluntad y apertura por parte de los obispos y fieles de la Fraternidad de San Pío X, y los llevará a aceptar sin reservas la totalidad de la enseñanza y disciplina de la Iglesia, incluyendo el Concilio Vaticano II y el Magisterio de los últimos Papas.

En respuesta a su pedido de oración, le aseguramos, Santo Padre, que la Iglesia en Polonia está apoyando constantemente al Sucesor de Pedro en su preocupación por todas las Iglesias y ruega al Señor para que cada paso hacia la reconciliación de los fieles cristianos pueda producir sus frutos. […].

† Józef Michalik
Arzobispo Metropolitano de Przemyśl
Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca


† Stanisław Gądecki
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Polaca

† Stanisław Budzik
Secretario General de la Conferencia Episcopal Polaca

martes, 3 de febrero de 2009

"BENEDICÁMUS DÓMINO" APOYA A BENEDICTO XVI


Desde que Benedicto XVI hace unos días levantó las excomuniones que pesaban sobre los obispos de la FSSPX, diferentes medios están relizando una verdadera campaña en contra del Santo Padre.
Por éste motivo un grupo de católicos, han puesto en marcha una iniciativa de apoyo a Benedicto XVI.
Desde "Benedicámus Dómino" invitamos a todos nuestros lectores a que apoyen y difundan ésta iniciativa, como un gesto más de fidelidad al Santo Padre.
Para más información y adhesiones: http://www.soutienabenoitxvi.org/index.php?lang=sp